De un movimiento juvenil cubano,al periodismo,a la cárcel.Por Alfredo Felipe Fuentes


Un Trayecto Civilista
Por Alfredo Felipe Fuentes
Tomado del Blog CPJ, publicado con el nombre “De un movimiento juvenil,al periodismo,a la cárcel”.
Me incorporé al entonces joven movimiento civilista cubano en 1991. Curiosamente, lo que más recuerdo de aquella etapa es que, por temor y otras aprensiones, me disfrazaba con gorra, gafas y otros artilugios cuando viajaba desde mi pueblo, Artemisa, hasta la ciudad de la Habana para contactar con otros activistas. Tales sentimientos de temor, indefensión y hasta de culpa, experimentan quienes viven en Cuba cercados por la opresión y entontecidos por la propaganda infinita de la ciencia totalitaria.
Esto me ocurría tres años antes de ingresar al periodismo independiente en 1994, cuando reporté para la emisora Radio Martí el arresto, en el municipio de Artemisa, de varios opositores a la actual tiranía, entre quienes figuraba el otrora héroe de la localidad, Domingo René García Collazo, ex comandante del Ejército Rebelde, investido con ese grado en 1959 por el entonces venerado caudillo, Fidel Castro.
A este primer reporte siguieron otros, y hacia 1995, un grupo de activistas fundamos la corresponsalía “Libertad” del Buró de Prensa Independiente de Cuba, la cual dirigí. Posteriormente, creamos otras que incrementaron las actividades de prensa, derechos humanos y sindicales en la localidad. Se multiplicó pues, la presencia de la Seguridad del Estado en nuestras vidas al punto de que en la madrugada del 24 de febrero de 1996, bandas de paramilitares, instrumentadas por la Seguridad del Estado efectuaron “visitas” intimidatorias, con lenguaje de terroristas, a mi vivienda y a las de otros miembros de la corresponsalía, grupos de derechos humanos y sindicales.
Por esta fecha, y en lo adelante, la mayoría de los activistas del municipio ya simultaneábamos la actividad de prensa con el sindicalismo libre, y los derechos humanos. En conexión con éstos, emprendí la tarea de crear la primera escuela del país para la enseñanza de esos derechos. Me instruí con literatura donada por la embajada de España y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, compuse un manual que sirvió como base material de estudios, y así fundé la Cátedra Félix Varela para la Educación en Derechos Humanos. Impartí clases hasta que me arrestaron en 2003 y publiqué (1999 y 2001) varios trabajos sobre el tema en la Revista Vitral de la Iglesia Católica de Pinar del Río.
A este incremento de las actividades civilistas, en particular de la prensa y la educación, la Seguridad del Estado respondió con más detenciones arbitrarias, registros, confiscaciones, actas de advertencia, citatorios para amenazarnos y, eventualmente encarcelamientos; pues sofocar la libertad de información y prensa resulta una cuestión de vida o muerte para las dictaduras. Por esto, el régimen se vale de las artimañas orwellianas para falsificar el pasado y distorsionar el presente como aspecto clave en la manipulación de la información y la propaganda. Ésta es la razón por la cual Cuba es el único país del hemisferio occidental en el que no se venden periódicos extranjeros a la población. Y por esa misma razón, Fidel Castro ha dicho que: “Los periodistas son un destacamento de la Revolución”.
Así lo impone el tirano. Sabe que la fuerza represiva, por si sola, no basta para someter al pueblo; sino que requiere, forzosamente, de la propaganda apologética, incesante, enloquecedora y chauvinista, que actúa como somnífero espiritual y le vale más que su ejército de policías.
Pero la fuerza creadora del instinto libertad y las ideas democráticas es incontenible y contagiosa. Siempre derriba los obstáculos, y desde hace más de 20 años, Castro no está sólo en el escenario político cubano. Un contingente de hombres y mujeres decidimos enfrentarle en el terreno de la palabra, la mente y el espíritu, en pos de un Estado de Derecho para Cuba. Y a pesar de las enormes desventajas y la represión, llegamos con mucho más que antes hasta marzo 2003; fecha, en la que ante el empuje del poderoso discurso de los derechos humanos, el vigor del Proyecto Varela, la fuerza del sindicalismo libre y el arrojo de la prensa independiente, Castro se trastornó, encolerizó y cometió un grave error: La Primavera Negra de Cuba; con juicios sumarísimos, sin garantías, sin defensa y fuera de toda ley, con salvajes condenas de hasta 28 años de prisión.
Tal fue el error, que de él surgieron, a pecho y a gladiolos, nuestras gigantescas Damas de Blanco. Castro tuvo que enfrentar entonces a nuestras mujeres, quienes apoyadas en la formidable campaña de solidaridad internacional, infligieron al tirano su más costosa y fatal derrota política: se rindió, por primera vez, ante una presión surgida del propio pueblo, de la oposición interna, no del exterior; y aunque al exilio, tuvo que excarcelarnos. Este hecho constituye un hito, un caso único para este medio siglo de comunismo en Cuba, lo cual se convierte en supremo ejemplo que fertiliza el vientre social y espiritual de la nación.
Ahora, ante la fecundidad liberadora de este paradigma y el fracaso económico y social del régimen, Castro, en busca de reducir la presión interna, se encuentra forzado también a “conceder” al pueblo algunos de los derechos económicos que desde hace 50 años le ha conculcado.
Los primeros días de nuestro encarcelamiento transcurrieron en el cuartel general de la Seguridad del Estado. Allí, en las celdas diseñadas para cuatro prisioneros, era tal la estrechez y el hacinamiento, que éstos sólo disponen de menos de medio metro cuadrado de espacio libre per cápita. Esta situación, intensamente claustrofóbica, agobiante y con la luz encendida perennemente, constituye un tormento psíquico que nos fue aplicado durante 36 días seguidos de interrogatorios antes del juicio.
Bajo estas torturantes condiciones y privado de lápiz, papel y abogado, me resultaba imposible preparar alguna defensa para enfrentar a un tribunal, en el que por demás, no rigen los principios de independencia e imparcialidad de los jueces. Allí comprendí mejor el significado de los términos: indefensión y abuso de poder; pues con éstos me impusieron la injusta y brutal condena de 26 años de cárcel. Y como paradoja, en la página ocho de mi sentencia se puede leer, “persona de buenas y respetuosas relaciones con el resto de los ciudadanos en el orden social y la carencia de antecedentes penales”. Obligado y cínico reconocimiento que riñe con la brutal sanción impuesta y con el torturante año de “gracia” infligido en reducidísimas celdas de castigo, sin ventanas, húmedas, con ratas, otras criaturas y pésima alimentación, a quien sólo cumplió deberes cívicos y ejerció derechos inalienables e imprescriptibles.
No sé qué me hizo acreedor a tanto odio. Y no consigo expresar aquí lo sentido en esas celdas, cuales tumbas; pero sí puedo, y quiero, desenmascarar a los que abusan del poder, mienten y ofenden mi dignidad al acusarme de conspirador y mercenario. Después del angustioso período en celdas de castigo, me trasladaron a la población general de reclusos comunes con quienes compartí los riesgos, la injusticia y las miserables condiciones materiales de las cárceles cubanas.
Pese a todo, debo reconocer aquí que dentro de las fuerzas represivas existen ya, en número creciente, hombres y mujeres que en silencio nos apoyan y rechazan la política del régimen. Ellos también podrán contribuir a las transformaciones democráticas y la reconciliación nacional de nuestro pueblo.
Y hoy en el exilio, cuando rememoro mis siete años y medio encarcelado, me parece una quimera escribirles desde esta nueva perspectiva de futuro en libertad. De este porvenir, mi principal objetivo es mantenerme fiel a los valores cristianos, al honor y, a mi ley: luchar siempre; como única actitud digna ante la vida. Como propósitos muy queridos también:
Trabajar para un medio de prensa libre en el que proseguir mi trayecto civilista a favor de las ideas democráticas, en Cuba y en cualquier parte.
Terminar el libro de ensayo que comencé la prisión.
Finalmente, mi testimonio de respetuoso homenaje al martirio de Orlando Zapata Tamayo, quien supo morir en rebeldía ante la opresión, y al heroísmo de Guillermo Fariñas: protagonistas, junto a las Damas de Blanco, de la inédita y contundente victoria contra Castro.
Este artículo es parte de una serie de historias escritas en primera persona por periodistas cubanos que fueron arrestados en una redada masiva contra disidentes conocida como la Primavera Negra de 2003. Todos los reporteros y editores fueron condenados en juicios de un día de duración, acusados de actuar contra la “integridad y la soberanía del estado”, o de colaborar con medios extranjeros con el propósito de “desestabilizar el país”.

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Periodista independiente expreso político cubano Primavera Negra
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