Los miserables de la revolución.Por Thays Peñalver


Thays Peñalver

Los miserables de la revolución
Por Thays Peñalver
Después de tanto tratar de engañar al adversario para hacerles creer que el pueblo está con ellos, los únicos que al final terminan creyéndose la mentira son los revolucionarios. Ese es su verdadero drama, tener que repetir una y otra vez que el “pueblo se alzará en armas contra el imperialismo”, que “si hay invasión el pueblo tomará las armas”, que “quieren robarse nuestro petróleo y que el pueblo saldrá en su defensa”. Fueron éstas las últimas palabras del carismático líder, un solo disparo fue suficiente para que el pueblo le demostrara a Gadafi que todo era una mentira.
Por más que le dio un millón de armas a su pueblo, que creó sus milicias éstas no salieron a defenderlo y tuvo que recurrir a guerrilleros de otro país. Pero lo mejor de todo es que los más furibundos de sus defensores, los que arengaban sobre su líder en discursos incendiarios fueron los primeros en salir corriendo. Así intentaron marcharse los ministros del Interior, Petróleo y Exterior hasta que Gadafi ordenó que no podrían siquiera acercarse a un aeropuerto, lo que en la práctica significó un arresto domiciliario con guardias armados. Pese a eso lograron huir otros dos con el primer ministro, varios jefes de su partido, el fiscal, los máximos jefes de los poderes y un montón de “coroneles” (en realidad generales porque en Libia nadie podía tener más rango que el líder). Apenas una semana más tarde de caer la primera bomba, hace hoy 154 días cuando escribí “A Gadafi le está lloviendo amor” (El Universal 23-03-2011), al segundo más añejo radical no le quedaba un solo colaborador y el resto estaba preso en sus casas.
Gadafi se quedó solo, absolutamente solo con sus hijos y familia. Sus vírgenes, aquellas que se sacrificarían fueron las primeras en rendirse. Uno que otro salió a defender, algunos porque creían que había mucho que ganar, otros porque sabían que sin Gadafi lo perderían todo, como una conductora radical de televisión, célebre por haber desprestigiado a la chica que fue salvajemente violada por las tropas. También creyó que sus colegas y los “tripolitanos” saldrían a defenderla, el canal del pueblo, duró 5 minutos antes de vaciarse en presencia de los rebeldes. Dios quiera que no cometiera una locura y que los rebeldes no entraran al canal como otros “revolucionarios” hicieran hace años en terreno más tropical.

Una fotografía del líder libio arde en manos de un manifestante.

Y es que a Gadafi cuando se le acabó el dinero que repartía en su socialismo petrolero se le acabó el encanto, cuando congelaron la primera cuenta se acabó la revolución verde, que era verde únicamente por los dólares que la sustentaban. A Trípoli le quedan días, sino horas en los que, como Nerón, tratará de incendiar lo poco que dejó una revolución que duró 40 años y que como siempre, construyó más millonarios que progreso. El destino es terrible para todos aquellos, que solo asaltaron las bastillas para enriquecerse.
Y es que “No hay nada que esperar, estáis perdidos”, con esas palabras Víctor Hugo de boca de Enjolras el líder de los “amigos del pueblo” nos describe la terrible situación en las barricadas, minutos antes de la carga del ejército francés. Es en esencia el fin de la esperanza y el autoengaño de un carismático líder. El pueblo, no vendrá, no lo hará nunca. Víctor Hugo nos enseñará que así la mayoría de los revolucionarios sucumbirá, solo algunos escaparán y unos pocos tratarán de huir por las cloacas, algunos con mejor éxito que otros, solo para encontrarse con el terrible y siempre traidor Thenardier, quien registrará “sus bolsillos con toda familiaridad” para desprenderles de su oro, no sin antes explicarles que: “la cloaca es desleal y denuncia” esa es pues, la esencia de Los Miserables y el final de toda revolución.
Tomado del Diario El Universal 25 agosto 2011

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Acerca de miguelgalban

Periodista independiente expreso político cubano Primavera Negra
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