Entrevista a Héctor Maseda:El sacrificio es mínimo si lo comparamos con nuestras aspiraciones


José Hugo Fernández.


Entrevista a Héctor Maseda:El sacrificio es mínimo si lo comparamos con nuestras aspiraciones 
Por José Hugo Fernández
LA HABANA,Cuba -Entre los tenebrosos contornos del presidio político cubano y las corajudas faenas de protesta y desafío pacífico frente a sus carceleros, protagonizadas en las calles de La Habana por las esposas, madres y otras allegadas a los prisioneros, el matrimonio de Laura Pollán y Héctor Maseda ha devenido referencia que algún día deberá quedar inscrita en las páginas de nuestra historia.
Cuando, en la primavera de 2003, Héctor, con una sustancial hoja de servicios como periodista independiente, a la vez que presidente del Partido Liberal Democrático de Cuba, fue condenado en juicio sumario a 20 años de cárcel, junto a otros 74 disidentes, Laura decidió abandonar su empleo como profesora de español para dedicarse por entero a la atención de su esposo y a reclamar justicia tanto para él como para los demás prisioneros políticos. Así se convertiría en cofundadora del movimiento Damas de Blanco, que aún hoy lidera.

Laura Pollan y su esposo Héctor Maseda


Al no aceptar la coyunda del destierro como requisito para su liberación, Héctor estuvo entre los últimos prisioneros de conciencia en salir de la cárcel. En tanto, Laura no dejaba de exigir justicia, aun en medio del proceso de excarcelaciones.
Hoy, Laura y Héctor están juntos al fin en su casa de La Habana. Pero no parecen dispuestos a contemplar el tan bien ganado derecho al reposo del guerrero.
Él no depone su vertical conducta como opositor. Ella continúa al frente de las Damas de Blanco, consciente de que si los atropellos, abusos e injusticias del régimen no cesaron con la excarcelación de los presos de la llamada Primavera Negra, no hay motivo para dejar de reclamar su fin protestando en las calles.
Cubanet aprovechó una pausa entre los ajetreos del matrimonio para extenderles un breve cuestionario, pidiéndoles que respondieran juntos, como lo hacen todo.
Hoy ofrecemos a nuestros lectores la primera parte de esa entrevista, con las respuestas de Héctor Maseda:
Cubanet: Usted es un hombre cuya valentía e integridad personal han quedado más que demostradas. Nadie podría ponerlas en duda. Por eso nos resulta de interés conocer cómo se las arregla para soportar aparentemente en calma las golpizas y vejaciones que recibe su esposa por parte de las hordas del régimen. Sobre todo, sabiendo que el primer motivo que tuvo Laura para salir a la calle a protestar fue precisamente su encarcelamiento.
H. Maseda: Considero que esta pregunta le costó mucho más trabajo a Ud. dirigírmela a mí que respondérsela yo. Permítame explicarle las razones en las que sustento esta afirmación.
En primer lugar, porque estoy convencido que para lograr cualquier resultado justo y con responsabilidad en la vida, éste tendrá que venir acompañado de una cuota de sacrificios parciales o totales jamás despreciables, porque en todo reto o desafío estará en juego la mayor entrega de quienes lo enfrentan. El problema realmente está en la importancia, el alcance y la profundidad de lo que nos proponemos obtener. Sin lugar a dudas en la balanza estará –en nuestro caso y de un lado– la plena libertad del pueblo cubano; el saber que de nuestra inmolación dependerá, junto con la de muchos otros luchadores decididos a todo, poder restituirle a la ciudadanía sus derechos y de ahí empoderarlo, para que en éste radique ese poder y no en gobernantes tiránicos y desnaturalizados; que exista la necesaria armonía pueblo-gobierno y que ella nos permita alcanzar un nivel de bienestar creciente y permanente; que la Democracia y la Ley imperen en nuestra sociedad y que la rija un Estado de Derecho, mínimo y necesario, ágil, efectivo y moderno que aproveche al máximo las nuevas tecnologías de los procesos productivos, de la información y las comunicaciones (servicios de Internet y otros avances propios de la modernidad), y gobernantes prestigiosos y con visión para solucionar los problemas que afecten al pueblo en general, y donde reinen la paz, la concordia y la tranquilidad ciudadanas; que exista una Ley Electoral que regule las elecciones periódicas, pluralistas, democráticas, transparentes, tolerantes, justas y supervisadas por organizaciones no gubernamentales especializadas; que exista una Constitución de la República que recoja y respete, entre otros temas de interés, los derechos no sólo de las mayorías, sino también de las minorías (étnicas, religiosas, condición social, sexo, …); que los únicos privilegiados –por derecho– sea los niños, ancianos y limitados físico-motores con leyes e instituciones que los protejan contra las arbitrariedades y la
corrupción de terceros; que la ciudadanía tenga derecho pleno a la rendición periódica de la gestión de sus gobernantes;… Mientras que en el otro plato de la balanza, estará nuestra disposición a entregarlo todo, hasta el mayor de los sacrificios (nuestras vidas) ante el altar de la Patria, para lograr definitivamente los derechos y la nación que deseamos. Creo que bien vale el sacrificio de Laura, el mío y el de decenas de miles de cubanos(as) que en los últimos cincuenta y dos años, en diferentes etapas de la vida, hemos tenido que enfrentar a sangre y fuego con tal de obtener lo que nos proponemos. Indudablemente, el sacrificio es mínimo si lo comparamos con nuestras aspiraciones, que por cierto, no son idílicas, puesto que ellas son experimentadas en elevado por ciento entre los ciudadanos de la mayoría de las sociedades democráticas reales que existen en el planeta.
En segundo y último lugar, porque es el amor que sentimos el uno por el otro el que nos une por encima de todo y de todos. Ella asumió los mayores sacrificios por mí y la causa y proyectos que defiendo, ante los cuales fue, es y será una fiel defensora de los DD.HH. y la libertad de los prisioneros políticos. Esta conducta la concientizó e introdujo con fuerza en su ser interno. Hemos hecho causa común de nuestras vidas y decidimos ponerlas al servicio del pueblo cubano que sufre y seremos fieles a esta conducta hasta sus últimas consecuencias. En un principio, ella se identificó con la justa causa que yo defiendo al comprobar en el juicio político que se me celebró en abril/2003 que todo, desde la A hasta la Z era una burda y macabra manipulación ideológica del régimen que nos (des)gobierna. Por otro lado, me ha hecho jurar como miembro de la Institución Masónica a la que pertenezco, que jamás interferiré en las actividades que protagonicen Las Damas de Blanco (LDB),
cualesquiera que sean sus consecuencias, y cumpliré con mi palabra aunque el dolor desgarre mi corazón ante los hechos vandálicos y los tratos crueles, inhumanos y degradantes a los que son sometidas en mi presencia, ella y el resto de LDB y Apoyo por los cuerpos represivos de las autoridades cubanas. En cuanto a mí, también he jurado dedicarle a mi esposa y sus actos públicos y personales, mi vida entera hasta el último aliento. Considero que tales banderas de combate bien merecen ambas propiciaciones. Estos, mis juramentos, son inviolables.

Héctor Maseda y su esposa Laura Pollan


Cubanet: Se aprecia especialmente dramática y desestabilizadora la situación con que ha debido lidiar el matrimonio Maseda/Pollán en los últimos años. Él, prisionero político, sufriendo larga e injusta condena. Ella, luchadora activa por la liberación de los presos, viviendo a merced de la represión, el asedio, la descalificación ciudadana y las calumnias del régimen. ¿Cuáles han sido para el seno de su hogar las peores consecuencias de esta situación?. ¿Cómo es visto y asumido el matrimonio por sus familiares, y por sus amistades y vecinos?.
H. Maseda: Yo soy y aún conservo la condición de prisionero político y de conciencia pues estoy sometido a una “Licencia extrapenal” que no es más que un simple cambio de medida cautelar. En consecuencia, en cualquier momento y bajo innumerables circunstancias rebuscadas por las autoridades cubanas para justificar su futuro proceder, puedo ser revocado y enviado nuevamente a una instalación penitenciaria sin que medie ninguna acusación nueva, proceso de instrucción judicial o tribunal que me juzgue y condene. Si a todo ello le sumamos que me mantengo activo en el proyecto político democrático liberal con el cual estoy identificado desde hace alrededor de 18 años, sin ocultarlo ante nadie; mi negativa a salir de la prisión bajo la condición de una “Licencia…” ante los oficiales de la policía política y mis exigencias de condicionar aceptarla si yo era el último de los 75 de “La Primavera Negra” en hacerlo y ser indultado o puesto en libertad incondicional. Finalmente fueron
estos mismos militares los que me obligaron a ello pues –según me dijeron—esa decisión constituía una orden de la máxima dirección política del país; situación que me obligó a decirles que si yo tenía que salir de ese modo me consideraría un hombre libre, no aceptaría control periódico o firmar documentos de conducta en unidades policiales; ni admitiría visitas, presiones o intentos de extorsión o limitación alguna en mis movimientos por todo el territorio nacional, procedentes de oficiales de la policía política; imagínese cuál es la real, compleja y difícil situación en que vivimos mi esposa y yo. Obviamente nada ha cambiado hasta el presente.
Pienso que, efectivamente, la separación forzosa que durante siete años y once meses padecimos por una felonía acompañada de una soberana injusticia de los hermanos Castro, dejó profundas marcas y complejos procesos de readaptación tanto en el plano físico, como en el psíquico y espiritual de ambos. Son superables, pero algunos requerirán un reacomodo de la pareja en todos los órdenes que exige la convivencia diaria. Me refiero a la tolerancia, comprensión, análisis y reflexión de los asuntos personales, sociales, políticos y espirituales; pero por encima de todo, aquellos que demandan grandes cuotas de amor entre los dos. Y este último, tanto en Laura como en mí, está demostrado en los dos, existe y en caudales infinitos. Espero que nuestras respuestas, por la experiencia que entrañan, les resulten de utilidad a muchos matrimonios de luchadores cívicos defensores de los DD. HH., sindicalistas no gubernamentales, periodistas independientes, directivos de la naciente sociedad civil y ciudadanía en general, que no están exentos de sufrir similares o peores experiencias cuando las riendas del país están en manos de gobernantes tiránicos que solamente piensan en su propio bienestar y poder absoluto, con total menosprecio al pueblo que, como ovejas, conducen al matadero y a la involución social.
Ella es una luchadora activa por la liberación de los presos políticos que vive –al igual que yo– a merced de la represión física y psíquica, el asedio, la descalificación ciudadana, la infamia del régimen, mítines de repudio, acosos, detenciones y encarcelamientos, y en particular las golpizas a las cuales tanto ella como las demás Damas de Blanco y de Apoyo son sometidas con elevada frecuencia siempre y cuando defiendan su derecho a mantener el espacio en las calles habaneras que con tanto sacrificio se han sabido ganar; así como a otros tratos crueles, inhumanos y degradantes que les aplican, sistemáticamente, las hordas paramilitares. Indiscutiblemente que Laura, al igual que yo, vivimos bajo la presión y condiciones de inseguridad ciudadana, brutalidad y terror gubernamentales, al extremo que en nuestra psiques solamente esperamos acciones vandálicas y deshumanizadas por parte de las autoridades cubanas. Vivimos prácticamente el presente, calculado en horas, minutos y segundos. Se nos ha dicho de mil maneras por miembros de los cuerpos represivos que “cualquier cambio en el modelo de gobierno actual, por simple que sea, ellos tienen órdenes de desaparecernos” y algunos militares hasta han utilizado la frase de “PEGARNOS UN TIRO EN LA CABEZA”. Si es una fanfarronada, una amenaza o una advertencia de lo que nos sucederá, sólo estos militares lo saben. Yo pienso que es una realidad y no una finta. Por supuesto que no nos atemorizan ni lograrán que cambiemos nuestra línea de conducta pero elevan con carácter permanente la presión física y psíquica a la cual estamos sometidos en todo momento de nuestras vidas.
En cuanto a cómo es visto y asumido el matrimonio por nuestros familiares, amistades y vecinos:
De nuestros familiares respectivos, salvo rarísimas excepciones, ha crecido la admiración, el respeto y la consideración hacia ambos. Nos sentimos más identificados con ellos. Tienen mayor comprensión de los fines y principios que rigen nuestra lucha. Se nos apoya moral y espiritualmente aunque sin comprometerse a fondo política e ideológicamente. Esta posición es el resultado de la sistemática conducta gubernamental de dividir al núcleo familiar para ejercer mayor dominio sobre cada uno de los ciudadanos. El objetivo es dominarlos a como dé lugar. Situación parecida nos sucede con las amistades cercanas y vecinos, porque tienen miedo de ser afectados en sus trabajos, salarios,… En general temen verse convertidos en víctimas colaterales –bien atribuibles a la comprensión social a la cual lleguen de los problemas generales que se arrastran en Cuba o por una supuesta identificación con nuestra causa– de políticas discriminatorias por parte del gobierno y sus cuerpos represivos y no sentirse con suficiente valor para enfrentarlas con dignidad y decoro. Desgraciadamente, aún no han encontrado el punto de inflexión que modifique definitivamente su patrón de valores y conducta social.

Participando Héctor Maseda en una manifestación de las Damas de Blanco


CUBANET: ¿No les tienta la idea de reiniciar la vida en otro país, restaurando la paz y la estabilidad hogareña que les ha faltado durante tantos años, y más aún sabiendo que es un proyecto que ahora está a su alcance con relativa facilidad?.
H. Maseda: No y mil veces no. En los años 80 tuve la posibilidad de salir del país y no regresar jamás. Lo pensé y me entusiasmó la idea. Tuve propuestas, primero de estudios de especialización y luego de trabajo que no admitían su rechazo, pero era único hijo, mis padres, ancianos, no gozaban de buena salud y requerían mi presencia. De modo que rechacé la idea. Algunos problemas laborales y sociales momentáneamente me la hicieron retomar en un par de ocasiones posteriores, pero no me convencieron los argumentos que analicé en aquellos momentos. Es cierto que en la actualidad abandonar el país definitivamente es un proyecto que con relativa facilidad está a nuestro alcance (de Laura y mío). Pero no me interesa. Ni ella ni yo dañamos a nuestro país y pueblo con la presencia de ambos en la tierra que nos vio nacer. ¡Qué se vayan los gobernantes actuantes que tanto tiranizan y afectan a su pueblo!
CUBANET: ¿Pero no les inquieta la perspectiva de llegar a la ancianidad sin haber logrado disfrutar juntos, tranquila y alegremente, sus mejores años de matrimonio?
H. Maseda: Debo aclararle que ignoro cual es la opinión de Laura. Es un tema del cual nunca hemos conversado y respeto la opinión que ella pueda tener al respecto. A mi no me inquieta ni me preocupa esa perspectiva. ¿La razón? Porque tengo la firme convicción que actué siguiendo la voz de mi conciencia y seguro estoy que recordaré en todos los momentos lúcidos que tenga en mis últimos años de vida, que mi sacrificio no fue en vano y me complaceré al regodearme en la satisfacción del deber cumplido con mi pueblo y mi Patria.
Tomado de Cubanet

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