Amigos. perdimos a Cuba .


Amalia Agramonte

Amigos. perdimos a Cuba .
Por Amalia Agramonte.
Para la mayoría de los que nos fuimos de Cuba hace algún tiempo ya, Cuba se quedó petrificada como una joya hermosa y querida que se guarda celosamente.
Nos resulta doloroso verla como se ha destruído paulatinamente, cómo hasta la gente se ha dejado permear por la mediocridad y la vulgaridad imperante allí.
Nos resulta difícil, cuando lo intentamos, establecer lazos con nuevos exilados. Y es que somos tan disímiles…!
Somos como las dos caras de la Luna. Cada persona es el resultado de las influencias, familiares, sociales y ambientales en que nos formamos.
Nada estimula al ser humano a superarse, a ser mejor, a adoptar excelsos valores morales si el ambiente no es propicio, si no le dejan espacio a las esperanzas y la ilusión, al desarrollo de la individualidad, que nos pone en la disyuntiva de escoger.
En Cuba no hay opciones. El individuo promedio no escoge, simplemente, acepta, se conforma se seudo-rebela porque en realidad, no hay verdadera rebeldía en sus protestas. Cuando se vive mintiendo por necesidad, con miedo de que se nos descubra lo que realmente pensamos, es muy difícil tener genuinamente el sentimiento de rebeldía, que no es más que el resultado de la individualidad pujante, es difícil que la persona se atreva a pelear, a luchar por derechos que nunca conoció.
Cuba se nos quedará para siempre como las imágenes de aquellos amores de la juventud, los cuales como nosotros mismos, crecieron en líneas opuestas para bien o para mal y hoy no se parecen siquiera a lo que alguna vez amamos.
Por eso, es mejor mantenerla en la memoria. No hurgar más en su presente, no imaginar que espacio queda para nosotros en su futuro porque Cuba no es ya la Cuba que nosotros conservamos mentalmente.
Si bien es cierto que Cuba como todo lugar o persona en la vida tiene un futuro, este futuro siempre está en dependencia a su presente, y el presente es el puente que une las etapas de la vida con lo que ya pasó o lo que va a pasar.
Siendo así, la cosecha que recogerán los que se quedaron allá no es la misma que hubiéramos recogido nosotros. No somos iguales, no compartimos idiosincrasias forjadas en el amor por la libertad, la idealidad de los principios, la laboriosidad en relación con la inteligencia, la movilidad social, el buen gusto y las normas morales que otrora conformaran a la sociedad cubana de la cual procedemos.
Los cubanos de hoy día, los que llegan sin siquiera tener la más somera idea de lo que es un refugiado político, aún cuando en la Embajada Americana en La Habana se rajan diciendo que lo son, esos que regresan al mismo país del cual dicen huir tan pronto como obtienen aquí su residencia, esos sí podrán adaptarse felizmente, ya que no tendrían dificultades para incorporarse de nuevo a esa Cuba mediocre y chusmona de la cual salieron, la Cuba de hoy y la que se acerca.
Por tanto, quedémonos con las viejas fotos, las historias repetidas, las románticas memorias de una Cuba linda, idealista, sensual, elegante, limpia, alegre, dinámica, soñadora, la Cuba de la cual nos marchamos cuando no supimos lidiar con la tragedia que se apoderó y se ensañó de ella destruyendo todo a su paso y eliminándonos toda oportunidad de adaptación para lo que nuestras personalidades, resultado de nuestra educación, no estaban programadas, que es decir, no podíamos adaptarnos al miedo, al panzismo, al conformismo, la apatía, la negligencia, la indiferencia, el vacío moral, la chavacanería, la vulgaridad, todas esas cualidades que hoy son parte intrínseca de esas masas que pululan por sus calles, incluyendo a aquellos que se creen educados, porque están medianamente alfabetizados y hasta pueden ostentar un título universitario condicionado, mediocre y limitado.
Son portadores de diplomas universitarios que escriben con faltas de ortografía, mala redacción, ignorancia de la historia de Cuba y del mundo, ya que el sistema en su podredumbre se preocupó y encargó de distorsionar y suprimir hasta los hechos más destacados de la humanidad en los libros impresos por la Imprenta Nacional.
Amigos, perdimos a Cuba .
Aceptemos esta realidad.
Perdimos a Cuba físicamente.
Su pasada imagen, no.
Esa nos la llevamos nosotros, la idealizamos nosotros, la hemos mantenido nosotros, y se muere con nosotros y la enterramos en cada tumba que llena los cementerios de Miami donde se van quedando humilde y calladamente los trozos de su historia.
Sólo nos queda ofrecerle ahora, a aquella novia hermosa y en honor a sus memorias, un ramo de rosas. La nueva Cuba, ésa no nos pertenece ni nosotros le pertenecemos.
Acordémonos y hagamos nuestra la referencia Bíblica: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos…
Nota Amalia Agramonte.
Biznieta de Ignacio Agramonte.
Fuente: Blog de Zoé Valdés

Acerca de miguelgalban

Periodista independiente expreso político cubano Primavera Negra
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