Vivir mintiendo. Los dictadores


Periodista venezolano Américo Martín

Vivir mintiendo. Los dictadores
Por Américo Martín
Saber que vivimos en medio de la mentira nos ofrece la única posibilidad de estar en sociedad y a la vez de cambiarla.
Octavio Paz
Coinciden Vaclal Havel y Kim Jong Il en el túnel nivelador de la muerte. Difícil encontrar dos personajes más dispares. Un demócrata valiente, culto y sencillo, intelectual abierto a todas las corrientes del pensamiento, defensor de los derechos humanos, despojado de cualquier ambición de perpetuidad, y artífice del desarrollo democrático y progreso económico de su país. Y un dictador totalitario, cruel en la proscripción de la más mínima disidencia, enemigo jurado de los derechos del hombre, inaccesible y endiosado. Se adornó con el título de “Amado Líder”, ansioso de perpetuidad y responsable del infierno de hambruna y desolación en que se encuentra Corea del Norte. Se despide Havel de la vida rodeado del amor de su pueblo y afecto del mundo. Sale del escenario Kim en medio del desprecio general. ¿Cómo puede nadie, entre esos dos arquetipos, dudar de qué lado están los valores forjados durante milenios por la humanidad? Y esta pregunta me asalta por las vicisitudes del lamentable sistema que se ha ido instituyendo en Venezuela. El presidente Chávez no es desde luego un Kim aunque se haya hermanado con él, pero está a años luz de Havel.Leo la encuesta Datos, la más respetada de todas. Aun antes del lanzamiento por todo lo alto del candidato opositor el próximo 12 de febrero, la reelección de Chávez se ha hecho algo remota. Llama sin embargo la atención que siga conservando un porcentaje importante de intención de voto. No le da para ganar pero sí para evidenciar que conserva raíces, muy a pesar del extendido fracaso de su gestión y del consecuencial impacto que eso acarrea en la población de más bajos ingresos. Este año la inflación volverá a ser la más elevada del continente. Barclay la ubica ¡en 35% en 2012, año electoral! No repetiré la lista macabra de indicadores de la degradación de la calidad de vida de los venezolanos. Hace pensar que probablemente el presidente perderá –y en forma convincente– el 7 de octubre. Per contra, aunque en declive conserva hasta ahora más músculo del que merece.¿Cómo explicar que Kim Jong Un se sienta heredero de un sistema de felicidad social? No le importan los resultados sino la estrella polar que cree seguir. Y eso vale igualmente para Venezuela, Cuba, Ahmadinejad, Assad. La estrella que guía a estos reyes magos se compone de dos ingredientes: el diseño del Hombre Nuevo y la mentira institucional. En nombre de una tierra prometida habitada por gente muy superior a lo que somos, los inauditos sacrificios de hoy son presentados –por abuso mediático– como el camino del Gólgota hacia el Paraíso. Cualquier mentira que abone ese glorioso destino es más que perdonable, legítima. Guevara retomó ese viejo ítem alarmado por los procesos de degeneración que observaba en los países comunistas. Había surgido un tipo de burócrata que agravaba los vicios de las antiguas fuerzas dominantes. Trabajo voluntario, salario único, espartana austeridad eran parte de la educación socialista. “Ser rico es malo” proclamó el presidente venezolano, rodeado de una corte de amigos del dinero. Como es natural, el proyecto devino totalitario. Imponía un cambio de valores y hábitos milenarios que supuestamente se alcanzaría con un poder implacable. Convertir semejante superchería en aspiración social pedía una aplastante dictadura mediática. Antonio Pasquali, autoridad mundial en la ciencia de la comunicación y antiguo crítico de medios privados, declaró que los defectos de aquellos eran pecata minuta en comparación con el “adoctrinamiento ideológico, el odio de clase y la demonización de quien disienta del régimen, y cuyo objetivo es maximizar la voz del amo”.El notable disidente soviético Alexander Zinoviev habló de la supremacía de la ideología totalitaria como mentira institucionalizada. Reposa ella sobre dos sólidos pilares: la destrucción de la memoria y el dominio de la palabra. Convertir en propiedad del Estado la memoria colectiva e individual es la manera de poner un pueblo a merced del poder. Havel –siempre habrá que volver a él– observaba que quien secuestra la verdad e impone una logocracia, es decir, la hegemonía de su palabra, vive en la mentira. Todos lo saben pero hacen como si no lo supieran. Porque en ciertas circunstancias históricas se puede vivir en la mentira sin ser un mentiroso.¿Quién cree de verdad que haya un Hombre Nuevo o un Superhombre en el horizonte de los países autocráticos y los movimientos totalitarios?A estas alturas nadie, pero a lo menos los círculos concéntricos que rodean al endiosado gobernante hacen como si lo creyeran. Esperan ardientemente que Havel tenga razón, a fin de quedar absueltos del cargo de mentirosos. Avaro consuelo en verdad, y no obstante una coca cola es el más divino de los tesoros para un sediento perdido en el desierto.
Fuente:El Nuevo Herald
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Periodista independiente expreso político cubano Primavera Negra
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