El camino depende de nosotros mismos. Por Pablo Pacheco exprisionero de conciencia


Pablo Pacheco Avila, periodista independiente, exprisionero de conciencia con sus familiares

El camino depende de nosotros mismos
Por Pablo Pacheco Avila exprisionero de conciecia
El mes del calendario anual más importante para mí, es Julio. Primero el nacimiento de mi único hijo y segundo la salida de Cuba.
La vida sin proponérnoslo nos impone caminos. Muchas veces demasiados escabrosos para soportarlos como cruz sobre nuestras espaldas, pero la voluntad humana es ilimitable.
Hace unas horas se cumplió el segundo aniversario de mi llegada a España y el primero de llegar a los EEUU, recuerdo que dije a mi familia después de conversar por teléfono con el Cardenal Jaime Ortega en la cárcel provincial de Ciego de Ávila: “Hagamos las maletas, sin pensar en el regreso, al menos mientras estén en el poder los mismos que hoy nos hacen salir por la puerta de atrás”.
Al encontrarme quince o veinte minutos antes de tomar el avión con mi esposa e hijo en una terminal semivacía, del aeropuerto habanero “Jose Marti”, sentí la mayor de las emociones experimentadas. Allí encontré a varios de mis compañeros de causa y sus familias, terminaba una pesadilla de más de siete años, pero sobre todo la ilusión de descubrir un camino y mucha, mucha expectativa de vivir en tierra ajena.
El tiempo vuela, pasa tan de prisa que ni cuenta nos damos, ayer me consumía en una Cárcel de mayor severidad en Cuba y hoy disfruto de libertad y en el país que siempre, siempre ha tendido la mano a los cubanos.
Hoy miro el pasado y me rio, aunque con cierta mezcla de dolor, es inevitable, después de lo vivido, pero doy gracias a Dios por todo lo bueno y malo que me ha dado.
Muchos de mis hermanos han encontrado el camino, para otros ha sido más difícil, pero tengo la certeza que cada cual encontrará esa ruta de felicidad y prosperidad.
Los que ya no están entre nosotros siempre les recuerdo con cariño y respeto, en especial a Orlando Zapata Tamayo, es nuestro mártir. Zapata fue el colofón para que se abrieran los barrotes que durante años nos mantuvieron en condiciones infrahumanas por el sólo hecho de pensar diferente, su sacrificio llamó la atención del mundo libre, ese mundo que a veces por complicidad y otras veces por ingenuidad estuvo del lado de los que reprimen, del lado de los que han arruinado a una nación, claro los intereses políticos y económicos han superado los derechos humanos, los derechos de un pueblo a vivir en libertad, prosperidad, de vivir como seres humanos.
Los que decidieron continuar la lucha desde dentro y dijeron No al exilio, merecen un lugar cimero en la historia de Cuba. No todos tenemos el valor de vivir con la espada de Damocles pendiente sobre nuestras cabezas, apoyarlos desde aquí es más que un deber, es una obligación.
Ahora mismo seco mis mejillas y lo hago con un sabor agridulce, vivo libre, junto a mi adorada esposa y mi rebelde hijo, puedo ver a mi madre a diario y a mis dos hermanos con frecuencia, eso para mí es más que suficiente para ser feliz. Aunque la amargura termina invadiendo cada noche mi corazón, Cuba sigue esclava, continúan arruinándola a pasos acelerados los dueños del poder y lo que más me duele es ver como un pueblo decide refugiarse en el miedo y la doble moral para terminar esclavizado.
Vuelvo a mirar atrás y doy gracias a Dios y a todos los que me han tendido la mano. Tengo que mirar al futuro, pues con el pasado no se puede lidiar y el futuro es impredecible, el presente, el presente para mi es magnífico, pues tengo más de lo que soñé en la vida.
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